martes, 1 de mayo de 2012

Prisioneros de las urnas (microrrelato)



I

Allí yacía, enterrado, sin grandes esperanzas. Aquellos personajes se apropiaron de todo. Los veía pasar sonrientes en sus elegantes trajes.

II

La obra parecía una comedia, el público asistía divertido y reía. Pero los personajes que  la representaban se olvidaron del texto original.

III

Ya nadie ríe. Mis nudillos golpean el lateral de cristal. Lo mismo en las otras cajas. Aquí estamos todos.
Nos sacan cada cuatro años.

viernes, 24 de febrero de 2012

¿Qué ocurre cuando las mujeres lavan la ropa y los hombres hacen la comida?


A veces no ocurre nada y en ocasiones tampoco parece que ocurra nada, pero lo cierto es que aunque difícilmente el tronco se hunda, las raíces se pudran y desaparezca la vida, la tendencia será a que la mujer lave la ropa y el hombre haga la comida. A veces se invierten los términos y es el hombre el que lava la ropa y la mujer la que hace la comida, pero enseguida las cosas vuelven a su cauce y es la mujer la que lava la ropa y el hombre el que hace la comida. Así las cosas no parece que haya conflicto, pero basta ser que un día la mujer haga la comida o el hombre lave la ropa sin haberlo sometido antes a la voluntad o decisión del otro para que surja el conflicto y el hombre no sepa si tenía que haber hecho la comida o la mujer haber lavado la ropa. En una situación de igualdad debería dar lo mismo quién lavase la ropa o quién hiciese la comida, pero el machismo dominante en esta sociedad patriarcal ha establecido que sea el hombre el que haga la comida y la mujer la que lave la ropa. Las fuerzas feministas se encargan de que sean los hombres los que laven la ropa y las mujeres las encargadas de hacer la comida, pero hay mujeres a las que les gusta lavar la ropa y hombres a los que les gusta hacer la comida. También hay
mujeres a las que les gusta hacer la comida y hombres a los que gusta lavar la ropa.
Para resolver esto habría que divorciar a todas aquellas parejas que no estuviesen de acuerdo en que fuesen las mujeres las que lavasen la ropa y los hombres los que hiciesen la comida y casarlas con otras partes de parejas que tuviesen como interés común el hecho de que fuesen los hombres los que hiciesen la comida y las mujeres las que lavasen la ropa.
Así las cosas, este intervencionismo del estado obligando a divorciarse a las parejas “lavatúlaropaqueyoharélacomida” ocasionaría que las organizaciones de derechos humanos, las organizaciones feministas y las de hombres arruinados por el divorcio pondrían el grito en el cielo y por tanto la intervención divina sería inevitable. Esta nueva situación intervencionista del poder divino acarrearía la participación masiva de las organizaciones de ateos militantes, con lo que el conflicto de las parejas “lavatúlaropaqueyoharélacomida” adquiriría unas dimensiones terráqueas y celestiales imposibles de controlar.
Un poco de sentido común para repartir las tareas domésticas y la educación de los hijos acabaría con estas y otras gilipolleces.

domingo, 4 de octubre de 2009

El cerdo Ibérico...

Hoy vamos a hablar del cerdo ibérico urbano. Una especie de nueva aparición sobre la península y que a falta de predadores naturales se extiende con facilidad sobre el asfalto alcanzando cañadas y algunas praderas que estén cercanas a zonas de población y de fácil acceso para los vehículos automóviles. Sus desplazamientos son cortos y prefieren las zonas mal iluminadas y tranquilas de calles solitarias en los núcleos de población. Suelen aparecer al anochecer y casi siempre son el macho y la hembra a bordo de un vehículo con las lunetas traseras tintadas, en este habitáculo y cuando ya ha caído la noche comienzan los primeros escarceos con el subsiguiente sonido y movimiento del vehículo si este no tiene la amortiguación en buen estado. Después del apareamiento y como una nueva forma de marcar el territorio, la hembra arroja los pañuelos de papel usados por una ventanilla y el macho el preservativo por la otra, casi siempre acompañados con una lluvia de objetos variopintos, botes de refrescos y vasos y envases de papel de comida rápida comprada sin salir del coche. Sería conveniente que los guardas oficiales espanten a los ejemplares de esta nueva especie antes de que los vecinos organicen batidas de caza incontroladas. Angelmartínez

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Arturo Barea. La forja de un rebelde

Estoy sobre una piedra pulida por millones de gotas de agua de lluvia; pulida como un cráneo pelado. Es una piedra blancuzca llena de poros. Arde con el sol y suda con la humedad. Enfrente de mí, a treinta metros escasos, está la vieja higuera, con sus raíces retorcidas como venas de abuelo robusto, con sus ramas contorsionadas, repletas de hojas carnosas, tréboles carcomidos. Al otro lado del arroyo, salvando el barranco, trepando cuesta arriba, están los restos de la kábila. Hace meses era un grupo de chozas de paja. Dentro, esterillas de paja trenzada. Una en la puerta, para dejar las babuchas al entrar. Otra dentro, para agruparse en cuclillas alrededor de las tazas de té. Otras más largas, adosadas a la pared, para dormir. La kábila era chozas de paja y esterillas de paja. El pan era tortas chamuscadas, cocidas sobre piedras calientes, hecho con el grano machacado entre piedras, barbudas de pajas enhiestas requemadas. Cuando coméis este pan, los pelos agudos de la hierba seca del trigo se os agarran al fondo de la garganta y os muerden allí con sus mil dientes. La kábila despertaba en las montañas con el sol. Los hombres salían de las chozas apaleando el borriquillo mísero. Montaban en él y sus babuchas lamían la tierra. Tan pequeño era el burro. La mujer salía detrás, cargada, siempre cargada. Iban los tres a las tierras más llanas de la ladera y el hombre desmontaba; la mujer descargaba de sus hombros el primitivo arado de madera y uncía el burro al arado. Después, mansa, se uncía ella; y el hombre revisaba los nudos del atalaje del burro y de la mujer; empuñaba el arado, y la mujer y el burro marchaban a compás, lentos. El burro tirando de las cuerdas con su collarón sobre el cuello desollado, la mujer tirando de la cuerda cruzada sobre sus pechos fláccidos. Lentos los dos, clavando en tierra los pies, doblando las rodillas en el esfuerzo. ARTURO BAREA. LA FORJA DE UN REBELDE

martes, 3 de marzo de 2009

abriendo fosas para enterrar arroyos

Los planes generales de ordenación urbana a veces sirven para desordenar espacios con características medioambientales propias y y que han tardado años o siglos en conseguirse, tal es el caso del cauce del Arroyo del Espino a su paso por la zona noreste de Colmenar Viejo.Ya Fadesa eliminó el Alto de Mora y luego huyó, y ahora le toca el turno al cauce del arroyo. Adios a las parejas de patos y de gallinas de agua que todos los años anidaban y criaban con seguridad en esas aguas. Me despido de las setas y de los cantos de los jilgueros. Adios a esas agrupaciones de cigüeñas que se reunían para "machacar el ajo" y cortejarse, y adios a la estática imagen suspendida en el aire de los cernícalos que aquí tenían uno de sus cazaderos favoritos. Pasaremos de las suaves praderas de hierba a las escombreras en un pis pas. ¿Tan alto es el índice de natalidad en este pueblo? ¿tanto necesitamos crecer? ¿No existe otra forma de financiación de los Ayuntamientos que no sea la de desarrollar planes generales cada dos por tres?

viernes, 18 de julio de 2008

a vueltas con el canon... y por el placer de la lectura

POR EL PLACER DE LA LECTURA: La SGA (Sociedad General de Autores) ataca de nuevo. Escrito y firmado por José Luis Sampedro, escritor. POR LA LECTURA Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña. ¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS! José Luis Sampedro

jueves, 29 de mayo de 2008

La propiedad intelectual

Derechos de autor, propiedad intelectual, producto industrial, SGAE, formatos de reproducción, panaderos, intelectuales, trabajo, enriquecimiento rápido, plusvalías, empresas multinacionales, autores, pensamiento, el conocimiento, ¿propiedad de la humanidad o de la industria?, apropiación del conocimiento científico y tecnológico por las industrias para generar beneficios en nombre de la propiedad intelectual. Reparto, reciprocidad. ¿Es el arte una manifestación del pensamiento que deba ser retribuida? ¿Deberían los artistas cobrar un salario por su obra? ¿Deberían de existir empresas industriales de producción de arte con obreros- artistas en sus plantillas? ¿Son los artistas entes intelectuales que producen obras abstractas que posteriormente son descodificadas y explicadas por la industria del arte para poder mercadear con ellas para obtener beneficios? ¿Solamente pueden acceder a los productos industriales del intelectual los que tienen dinero para pagar el producto? Contra el concepto de propiedad intelectual. Supongamos un autor de canciones tipo Alejandro S. Que va a producir o editar un nuevo disco con 13 canciones nuevas. Se recluye en su casa o estudio y dependiendo de su capacidad intelectual como músico y letrista tarda... Cuánto en componer esas trece canciones? Una semana, un mes, un año, dos...? . Bien, ya terminó de componer, se terminó el proceso intelectual de producción del disco. Ahora viene la producción industrial del objeto artístico. Manager, estudios de grabación, diseño, video clips, marqueting, multinacional para la distribución, número de copias, lanzamiento mundial al mismo tiempo o por etapas, etc, total 6 meses más, y cada parte de las citadas especulando con cuanta cantidad de dinero va a ganar con este nuevo producto industrial. Se venden un millón de copias y de cada una de ellas se hacen dos copias privadas... Y aquí empieza la historia. Alejandro S. se ha enriquecido con el trabajo intelectual de ... Una semana, un mes, un año... Dos?. La multinacional gana una pasta, la SGAE también, etc. El consumidor que compra el disco original paga derechos de autor, el que lo graba en un CD virgen paga derechos de autor, el que se compra un aparato grabador reproductor paga derechos de autor y el del bar donde te tomas el café mañanero y la caña del mediodía paga derechos de autor...que siempre recauda la SGAE. Mientras tanto el autor intérprete tipo Alejandro S. Ha hecho una gira de promoción del producto industrial de 20 macro conciertos que gracias a la tecnología puede ser escuchado y visto por cincuenta mil personas en ¿directo?. ¿quién gana con esto?. La industria (el músico tipo Alejandro S., la productora distribuidora, la SGAE, etc). Quién pierde?. La música y los que la aprecian. Si el intelectual músico tipo Alejandro S. viviese de su trabajo como creador- intérprete en vez de vivir del pelotazo industrial de la música, estaría tocando en garitos pequeños y de esta manera se promocionaría la música en directo y el disfrute de quienes la escuchamos... (continuará, hoy ya me cansé de escribir). Ángelmartínez